

Un salón vacío, apuntes perdidos, la calificación encerrada en rojo. Hoy recordamos las etapas que vivimos, los maestros que en su día nos impartieron algo más que conocimientos, que fueron decisivos para que esto que llamamos vida tuviera algún sentido.
Las primeras lecturas, aquellas fórmulas de química, difíciles ecuaciones de segundo grado y problemas que no tenían respuesta en las últimas páginas del libro de Física. Los regaños, el “Pase ud al frente a explicar”, la tortura psicológica de aquellas monjas que no entendían esa mezcla de geek/party animal/outsider en ciernes, el lado más afable de los padres franciscanos irónicos y todavía entrañables. Afortunadamente, la secu transcurrió veloz.
Los maestros excelentes, los mediocres, los más o menos, los que nunca conocimos (porque nunca se presentaron un día a dar clases), los que pusieron nuestros miedos justo a un centímetro de nuestra cara y que, de pasadita, nos enseñaron a lidear con el enemigo o que nos permitieron fungir como monitores de exámenes. Aquellos que se rascaban los sobacos mientras exponían un tema, los que se acercaban peligrosamente a las chicas más lindas de aquel grupo de Contabilidad Fiscal, los que se tragaban el truco que cada día de examen había un cumpleaños, los que nos pusieron “Hey Jude” y “Help” el último día de clases. Los de mi prepa federal.
Aquellos de la primera carrera, perdidos entre la huelga y el salario que apenas les ajustaba, entre el inútil orgullo de servir de filtro y la más abierta corrrupción. Esos que pusieron barreras desde el inicio, los que se burlaban de los alumnos, aquellos que pensaban que eran mejores que nadie y se caían de borrachos en las fiestas estudiantiles, los expertos en agarrar a los “acordeoneros “y esos que veía en cada chico de familia bien un fascista. No supe ni cuando terminó aquella fase.
Años más tarde, la vuelta a la universidad. Otra cosa: entre los abre-cabezas más bestiales y los aburridos con sus clases aburridas y su vida aburrida. Los mejores? aquellos que eran congruentes con sus posturas éticas, aquellos que sudaban la borrachera del día anterior en el transcurso de la clase más arrebatada que presenciamos, esos que recibían aplausos emocionados por un grupo de jóvenes en búsqueda de algo que diera dirección a una carrera escogida a la ligera. Una lástima, paso tan de prisa que nos dimos cuenta que había terminado justo al dar el discurso de despedida.
Top Five
1) Padre Boronchito (Español, secundaria)
2) Felipe Lee (Filosofía, universidad)
3) Oso Morales (Teoría de la Comunicación, universidad).
4) Profa. M. Uribe (Química, prepa)
5) Lic. Picos (Derecho, universidad)
Mayo 18, 2008 a las 12:08 pm
Lindo texto. En mi top personal también figura Felipe ‘Bruce’ Lee… (jajaja ¿quién le decía así?). Aaaah la nostalgia: los maestros de la prepa con aliento etílico, uno que otro profe-verbo con las morritas, un 4 de calificación con el profe menos inspirador y un 9 con el aparentemente más difícil, glorificar a los tiranos de la historia y satanizar a los héroes, aguantarte la risa cuando al profe se le acabó la plataforma frente a grupo, las amenazas de bomba que nos salvaban de los exámenes finales, y todos los que contribuyeron a abrirnos la mente… Pues feliz día del maestro a ti también.