df stories

Antes de que olvide más cosas, aquí va un recuento del viaje al DF.

Miércoles 5
Una vez más salgo para el DF. Un par de taxis (Playas-centro-aeropuerto, 20 pesitos) me dejan a eso de las 7:30am en el aeropuerto tijuanero, más vacío que de costumbre. Casi cuando terminaba de recoger mi boleto en la ventanilla de Aeroméxico vi a Robie Partida (del Zeta). Esperaba también a Melina Mao (de El Sol de Tijuana), pero nunca llegó. Aunque intentamos, no logramos quedar juntos en el avión (ni modo, me ganaron el asiento). Para no aburrirme, en el trayecto leí un par de periódicos, intente poner atención a la movie (la más reciente de esa serie de roba-casino) mientras escuchaba lo que había en la selección de audio (nada suave, btw). Pensé: Tengo días sin dormir y creo que acumularé más. La vida, dicen, es así.
A pesar de salir con retraso, el avión llegó al DF -sin escalas- a tiempo. Ya nos esperaban la gente de Marketen (que risa, ahí estaba Gabo, uno de los chilango kids con los que fui al after party del Rockampeonato el año pasado y que me presentaban como “uno de Molotov”. Maldita barba, btw). También formaba parte de la comitiva este fotógrafo del Página 8 de Chihuahua que me toco como roomie aquella vez y Jousín Palafox (de Digital TJ, que, je je, identifiqué no sé porque como “gente de Telcel”). Directo al hotel (el Quality Inn en la Roma, justo a cuatro cuadras del depto de HZ, mi casa defeña). En el camino se conforma el bloque TJ -Robie, Jousín y yo- que duraría hasta el fin del viaje (es curioso como las cosas hacen clic). Más tarde convencimos a otros periodistas y gente de radio para que cambiaran su boleto de regreso. Digo, vienes, haces tu trabajo y si tienes chance de quedarte otros días, ¿por qué no aprovechar , conocer un poco la ciudad y pasartela bien, no?
Me había tocado compartir room con un periodista de Chihuahua, pero en la primera oportunidad cambié mi backpack a la habitación de Mr Robie (a quien conozco desde la Universidad). Tras la acreditación y los saludos con Daniel Marketen (quien hace posible nuestra visita), comimos en el hotel (so so, ya saben platos bien presentados pero nada que provoque fuegos artificiales). No me costo nada convencer a Robie & Jousín de hacer tiempo antes del evento y, bueno, nada mejor que tomar una cerveza y jugar dominó en el Covadongas (en curiosa mezcla de club social, cantina y restaurante after-hours). Estuvimos ahí casi una hora, bebo una Montejo. Con algo de lluvia regresamos al hotel pasaditas las 7pm para irnos al Centro Cultural Estación Indianilla, sede del arranque de la gira Rockampeonato. Para eso ya se nos habían unido un par de chicas de Villa Hermosa y de Monterrey. A una no dejaríamos de aplicarle la carrilla norteña y a la otra, que ya conocía, de seguirle el juego (life´s so short, my friends).
Al recorrer el lugar no me quedo que decir en el más estilo gringo: Awesome!. Es un lugar enorme, que me imagino fue sede fábrica o algo así. Ahora sirve como foro cultural y en uno de los niveles tenía una expo fantástica de la cual, qué absurdo, no recuerdo nada concreto. La conferencia no estuvo cool y la prensa tampoco (nadie hizo preguntas, todos esperaban el momento en correr a conseguir una entrevista exclusiva con Kinky, Jumbo, Porter, HKBO o con el mismísimo Joselo Tacuba). Como lo mío es la crónica mejor me fui directo a disfrutar de la barra libre (puro vodka tonic bien servido) y a ver que hacian los otros mientras empezaba el concierto. Abajo, en el área de prensa, había un par de mesas con carnes frías, quesos y frituras. Ah, el jamón serrano fue lo mejor. Ahí me encontré con buten gente que ya conocía de otros viajes (reporteros, cámarografos, fotógrafos y gente del mundillo de la música indie) pero también, para mi sorpresa, a los que faltaban de aquel contingente con el que fui al party rc (si, ya saben, ahora sí intercambiamos correo y myspace).
A Hong Kong Blood Opera, ganadores del concurso nacional Rockampeonato 2006, no les fue nada bien. Abrieron el concierto y el sonido no les hizo justicia, su rollo noise punk se escuchaba como una plasta. Una lástima porque su The critical paparazzi EP (Noiselab, 2007) no está nada mal. De Porter me gustaron canciones (aunque he de reconocer que el vocalista engancha a sus seguidores quienes , de paso, se saben de pe a pa sus canciones). Kinky, oh Kinky, usaron la fórmula de tocar sus éxitos al inicio y bueno, you know it, nunca han sido de mis favoritos (los escuché a distancia, sin fijarme mucho en ellos ni ponerles demasiada atención. Algo así como la banda sonora de la plática que tenía con unos amigos en la entrada del lugar). Para ese momento el vodka tonic ya había hecho su efecto y yo estaba más entusiasmado en ir al Salón 21 a la presentación de Felix the House Kat. Todavía alcanzamos Mr J, Mr R & myself a escuchar la primera canción de Jumbo cuando nos subíamos a la camioneta que nos llevaría de regreso al hotel.
A llegar, checo mi ms y el mail para ver si me consiguieron entrada (nada claro, me dicen). Dejo la sala de negocios para darle chance a los reporteros que escriban y manden sus notas (también nos damos cuenta del grado de preparación con que salen los egresados de las carreras de Comunicación). Nos reunimos en nuestra habitación, esperamos un buen rato la llegada de Daniel Marketen y nada. Ahí me doy cuenta que mi borrachera se cortó al instante y que estaba ya esperando la segunda tanda de diversión garantizada (o sea, con pila para irme de fiesta y llegar a las 8 de la mañana). Vemos TV y platicamos sobre el evento. Jousín se marchó a eso de las 2:30am a su cuarto, Robie se durmió al acabar Desesperate housewives y yo me quedé viendo la tv y leyendo el periódico que me paso Ross, la chica de Monterrey. A eso de las 4am escuché un gran relajo en los pasillos, salí y por casi media hora me entretuve en ver correr de habitación a habitación a la gente de Kinky, Jumbo y etc. Conversaciones drunkies en español, francés e inglés. Ah, sé que el relato de la noche debería terminar aquí y no contar lo del samoano budista, el taquero Don Beto y su cantaleta de “Siempre me dicen eso: Don Beto, ¿cómo lo aguantas?“, la seducción de Memo Ríos y los dramas cotidianos que insisten en hacerse presentes.

jueves 6
Cuando desperté, prendí la tv para ver las noticias: Luciano Pavarotti is dead (en todos los canales). Habíamos quedado en levantarnos temprano para ir juntos (el contingente Tj y las chicas) a desayunar a los Bisquets de Alvaro Obregón (cosa que hicimos, pero más tarde y sin una de ellas). Antes de salir del hotel, vimos a la chica que nos faltaba entrevistando a Memo Ríos en el restaurante del mismo (ahí, lo bizarro se hizo patético). Como no nos poníamos de acuerdo que hacer después, fui a dejar mi backpack al depto de mi amiga HZ (ya que ahí me quedaría, supuestamente, hasta el domingo). Luego, decidimos ir al centro histórico (cambio de hotel para Mr R y Mr J). Dejamos ahí a Robie (tenía que escribir y enviar su nota al semanario). Caminar es un buen deporte, Mr J & I recorrimos Reforma, llegamos al Zócalo (Mr J fue por soda en bolsita de plástico pa´l calor), nos metimos a la zona de tianguis y nos detuvimos cuando nos dimos cuenta que habíamos llegado a Tepito. Ahí me compré una chapita del Rayo de Jalisco en 10 pesitos (pregunté por otra del Matemático pero no lo hacen y poco después, lamenté muchísimo no haber comprado una de Huracán Ramírez. Mr J se compró la del Santo y otra de Blue Demon). Luego, de regreso al Zócalo, Mr J insistió en ir a La Villa. Ahí vimos el Papamóvil y la estatua del Papa (fue chistoso estar en el epicentro del catolicismo guadalupano y no sentir… nada. Cuando esperaba sentado en una de las escalinatas y veía a la gente cruzar arrodillada la explanada, entendí que a veces la fe puede ser motivo de añoranza. Losing my religion -sorry por el cliché- podría haber sido la sintonía perfecta para ese momento. La fe católica me queda tan lejos que muchas cosas dentro de ella escapan de mi entendimiento).
Cuando salimos, amenazaba con llover. ¿Taxi, camión o metro? Decidimos por lo más cercano y nos embarcamos en lo subterráneo. Llegamos al dowtown con el tiempo justo para comer una pizza, que estaba de antojos, en el Café Gourmet (así se llama el sitio) e ir apresurados a Bellas Artes a la presentación de los libros de la editorial Almadía (con la presencia de amigos como Mauricio Bares, JM Servín y Fernando Lobo). Ya había empezado, así que rápidamente buscamos lugar (el mural de El hombre controlor del universo de Rivera estaba justo atrás de la mesa de los escritores). Saludé a HZ que andaba en su onda funcionaria asesina (je je, chiste privado), platiqué brevemente con Mr Epigmenio sobre la fijación con el color azul de Rubén Dario y, bueno, intenté poner atención a la presentación. Asistió mucha gente, al final no hubo preguntas y bueno, pasamos la mayoría al coctel.
Ah, buten conocidos: Pepe Uzquiza, Mr Morcillo, CMR, BEF y más. Estaban ofreciendo mezcal oaxaqueño, vino y bocadillos típicos pero como tenían cebolla, pase de ellos y de las bebidas. Se armó un contingente para ir a la cantina El Tío Pepe (en el centro). Nadie pensó que seríamos tantos y que no cabríamos ahí. Nos tuvimos que repartir en dos secciones. Un gringo, profesor universitario y que no iba con ninguno del grupo, pagó las primeras dos rondas de nuestra sección. Luego, lanzaría un discurso mencionando que nuestra generación debería hacer algo para cambiar a México (Fernando Lobo le contestó: Por dos cervezas ya quieres que cambiemos al mundo, y todos nos reímos). Ah, como botana daban unos cacahuates muy ricos (btw, Montejo beer es una buena opción: Me tomé tres.)
La cantina cerró temprano. Nuestra opción fue movernos al Covadonga (full, lleno de yuppie scum y tal). Ni modo, quedamos en una mesa esquinera, pero el ambiente sigue siendo bueno y pude platicar con la gente de la mesa -amigos, conocidos y nuevos amigos- sobre textos que escribí una década atrás (Mis años 4AD, por ejemplo), proyectos en conjunto (ese festival de spanish pop o la responsabilidad de la edición de una revista). No tenía muchas ganas de beber así que pare de tajo. A eso de las 3am, nos marchamos de ahí.

viernes 7
Desayuno con HZ. Platicamos buten (hay que ponerse al día aunque nos hayamos visto hace menos de un mes). Lucas y Glenda, sus gatos, están gordísimos. Hice algunas llamadas, varias citas que casi de antemano sé que no podré cumplir y tal. Comimos en una fonda cerca de ahí (comida corrida a 3o pesitos, incluyendo agua y postre). Caminé solo un rato por la Roma, visite KONG pero no compré nada (ah, ahí ví un ejemplar de mi Lejos del Noise). Estaba tan entusiasmado por ir al concierto de Niña con Mr R y Mr J que HZ me da ride al centro (en uno de esos momentos Mr Bean, me quedé con las llaves de la casa y tuvo que volver por ellas). Fuimos al Pasaguero y aunque había una fila minúscula, decidimos no entrar en ese momento e ir a comer y tomar algo para matar el tiempo dedicado a los grupos abridores. El Salón Corona a tope como siempre (Mr R entra por unos tacos, lo esperamos justo a la entrada y nos divertimos platicando y viendo pasar a la gente).
Ah, el Zócalo estaba decorado ad hoc, ya saben onda independentista. Ahí somos testigos de un pleito entre un tipo y un empleado de limpieza. “Me escupió la cara”, grita uno de forma desaforada y el otro, callado, no hace nada más que protegerse de los golpes que intenta propinarle el energúmeno ya descamisado. Llegan policías y aquello se llena de curiosos. Mr R reporta desde el campo de batalla. Nada interesante: un tipo pendenciero que, cuando se lo intentan llevar los agentes, consigue el llanto de una de sus hijas. El tipo iba con la familia, qué oso, no?.
Para cambiar de escenario, entramos a Centro Cultural España, tocan unos djs que no reconozco y me doy cuenta que el nivel de sonido es cada día más bajito (podíamos platicar sin ningún problema. Eso está bien pero le quita intensidad). Estuvimos una media hora. Empieza a llover, fuerte y el paraguas lo dejamos en el hotel. Seguíamos buscando un café para Mr J. Nos mojamos, me mojé terriblemente (la segunda vez en este viaje). Corrimos hacia un sitio que habíamos visto antes de llegar al Pasaguero (aunque yo, en plan de “ya basta con la lluvia”, quería que entraramos al Vips más cercano). No sólo no me hicieron caso sino que se burlaron de mi casi las 2 horas siguientes. Llegamos todos empapados al sitio donde había un grupo que tocaba puros covers (no recuerdo el nombre del grupo ni del lugar). Ni modo, café y pastel de chocolate (que me puso, como de costumbre, hyper). De ahí, por pura curiosidad, volvimos al Pasagueros para enterarnos que el concierto aún no terminaba (quise darle un sopapo a Mr R porque fue él quien mencionó que ya no la armaríamos). Tras pasar por los tacos, al hotel. Por culpa del maldito chocolate y el desmadre de la gente que salía del bar que estaba justo enfrente del hotel no puedo dormir. Platico hasta que me dicen que me calle. Horas más de sueño por recuperar cuando vuelva a Tijuana.

sábado 8
Acompañamos a Mr R al aeropuerto (nosotros nos ibamos un día después). Mr J y él desayunan en la periferia del aeropuerto. Yo, caso raro, no tenía hambre y pase de ello, me concentré en leer los periódicos clase B que estaban en la mesa. El DF es, según leo, una ciudad violenta.
Nos regresamos en metro, again. Me quedé dormido en el hotel (un par de horas solamente). Tenía un par de citas de trabajo y visitas a amigos planeadas que, una vez más, no pude cumplir (my friend Pepe, Ali Ultrasónica, el stop habitual a la redacción Bukowski). Creo que necesitaré un organizador o algo así. Una de dos: mi memoria está saturada o, caso crítico, requiere a esta alturas un upgrade.
A las 5pm regresé al depto romano ya que estaba agendada una reunión con Bares, Servín, Uzquiza, CAGV y otros amigos nuestros. Antes fui al Foro Alicia, había quedado en verme con Mr Morcillo ahí pero llegué demasiado tarde y aunque lo busqué adentro, no lo encontré. Tocaba Jessy Bulbo (en su despedida, se marcha a Spain) y sólo aguanté unas siete canciones: el público tenía mucha energía pero ella, oh sorpresa, canta muy feo live and direct. Ah, la música que estaban tocando antes de JB era buten cool (rocanrolitos cincuenteros, cutres pero con un beat muy killer).
La fiesta estuvo bastante bien, el personal estuvo muy relajado y al final, broma tras broma mientras escuchabamos un set de música bizarra (Cepillín, temas de Heidi y Cri Cri) y rolitas de Aretha . Bebí sólo soda de toronja (caray! lo que hago para arruinar mi reputación). A eso de las 3am se fueron los últimos invitados y yo, en vez de dormir un poco, me puse a leer el Ya no quiero ser mexicano de Bares.

domingo 9
A las 4:30 am pasó el radio taxi por mi. Antes de las 5am ya estaba en el aeropuerto. El vuelo salía a las 7am. Seguía en espiral biensoñante y pensaba mientras caminaba a la sala 1: Ya quiero estar en Tijuana.

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    Aquí nos encontramos los que escupimos y cupimos, los que dejan abierta la puerta y sonríen como farolitos. What’s happen now? [sic] Alguien tenía que poner on-line el cruel circo de anuncios fortuitos. Detonar la bomba, porque sí y porque ya no hay tiempo para agobiarse, la pena ajena nunca fue un pretexto, tan sólo un yield de liga intertextual. Una falsa esperanza. Cómplices, cercados, envueltos en celofán y cristal, arropados por la inconsciencia, bendecidos por el alcohol y esa cosa siniestra [voluntad propia]. ¿Vamos a explotar o qué? Necesitamos algo más que inseguridad, necesitamos dinamitar la ciudad. (Ubertrip, Moho 2003)


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