lo de hoy

La Tijuana que se nos viene

I.
Los jueves son como mi domingo. El día que no voy al trabajo y que puedo levantarme, si quiero, tardísimo. El miércoles mi horario es de casi 12 horas. Lo primero que quiero hacer al llegar a casa es tirarme a la cama y descansar. Eso he hecho las últimas dos semanas. El descanso me sienta bien.
El día de hoy no fue la excepción. Me despertó el timbre del teléfono. Ya era mediodía. Mi hermana, que prendiera la televisión, una balacera. Lo hice y, desde ese momento, este jueves lo llevaré marcado en mi memoria.

II.
Las imágenes que veo son como de película. Recordé que en un noticiero local escuché a un empresario famoso por sus desatinos mediáticos-culturales decir que Tijuana se parecía mucho a Pakistán. Recordé una declaración, hace apenas unos días, de un jefe policíaco afirmando que lo que se vivía en Tijuana era una guerra. Recordé que en lo que va de esta semana no ha habido un sólo día que al despertar no lea la noticia de un asesinato, secuestro, levantón y etc.

III.
Seguí la noticia por 3 canales distintos. Encendí la compu para ver en los sitios de los diarios nacionales si había up-dates. La info no fluía. Seguí viendo esas imágenes que se repetían y repetían. Zoom, paneos, close-ups. Hay algo obsceno en estas imágenes que, por el momento, no alcancé a determinar pero sabía que algo en ellas me molestaba.

IV.
Trabajo cerca del lugar de la balacera. Cuadras abajo. A veces tomo el taxi en el bulevard. Varios de mis amigos y alumnos viven en esa área. Hablé con algunos de ellos por teléfono. Están bien… nerviosos, alterados, inquietos, pero bien. No pueden salir de su trabajo/de su casa/de su escuela.

V.
Sé que esta es una experiencia inédita cuando nadie sabe como actuar, como comportarse, como reaccionar. En las tv news los reporteros buscaban la mejor imagen, la más dramática, la que pudiera servir para no sé que propósito y perdieron el norte informativo, la mesura, el control. Y así ví imágenes en la tele que lejos de informar, lo único que lograban era encender la corta mecha de nuestra psicosis social, inyectar miedo, incertidumbre, coraje.
Los medios se ufanaban de presentar la información más completa, los reporteros hablaban de sentirse como un escenario de guerra, entrevistaban sin pudor alguno a infantes y personas que estaban a un tris de un breakdown, se regordeaban en pasar y pasar aquellas imágenes. Shame on you.

VI.
A las 3pm se transmite uno de los noticieros locales. Me senté frente al televisor y ví otra vez esas imágenes. Le cambié de canal y ahí estaban esas imágenes (otras tomas, otra mirada, pero siguen siendo las mismas). Declaraciones cortadas, amenazas por la frecuencia radial, silencio. Balazos.
Volví al noticiero, ví entre tanta imagen violenta el rostro familiar de un par de amigas muy queridas. Sentadas en el patio de su casa, con el micro del canal en la mano, muy tranquilas, esperando quizás alguna pregunta. Sí, son ellas: el supper las identifica con nombre y apellido. Su imagen se quedó en la tele escasos ¿3, 5 segundos? Reaccioné al ver que vuelven a aparecer las imágenes que he visto el último par de horas. Decidí llamarlas, lo mismo pensamos varios de sus amigos y familiares que también intentan comunicarse con ellas. Al final de la llamada, una de ellas me dijo: Ya la perdimos, r. No, le contesté. Aún no.
Sé a que se refiere. Mi city, nuestra city.

VII.
Tenía un par de compromisos este día. En mi casa me preguntaron si iba a salir. Sí, no tengo voluntad de rehen. Si el miedo nos gana, terminaremos por atrincherarnos en nuestros hogares como lo hicieron en Medellín. Nuestra pelea es por la libertad, por el poder fluir por esta que es nuestra Tijuana, por no dejarnos vencer por más impunidad que tengan/sientan los delincuentes, por seguir haciendo hasta la más mínima e intrascendente de nuestras actividades cotidianas.
Salí.

VIII.
Voy a visitar a un amigo. Caminé unas cuantas cuadras escuchando a Ciëlo en los audífonos. Mi amigo me recibe con café y pizza. Está alterado, triste, sacado de onda por los acontecimientos. Nadie que tenga una fibra sensible y un poco de solidaridad puede sentirse ajeno a lo trágico de la situación. La pelea, lo sabemos, no es buenos contra malos. Todos participamos en esto, nos hace protagonistas nuestro silencio, nuestra indiferencia, nuestra típica actitud de “no importa si no me causa problemas”.
Son apenas las 6pm y observamos con atención la edición de las tv news. Otra vez las imágenes. Esas imágenes que ya empiezan a circular por el mundo. Las vemos en internet, las veremos mañana en los diarios. Las vemos. Sí, son obscenas, terriblemente obscenas. ¿Las recordaremos como las del aquel 23 de marzo? ¿se convertirán en un parteaguas en TJ? Con estas y muchas otras preguntas rodando por mi cabeza me despedí.

IX.
Aunque la recomendación en todos los medios era no salir de casa, bajé al centro. Tranquilo. Pasé por un par de negocios que tenían la tele encendida. Noticias, por supuesto. En el taxi, la gente, desconocida entre sí, hablaba de lo sucedido. Hay varias versiones corriendo. Nunca he creído en rumores. Lo peor fue comprobar que la táctica del miedo funciona.
Al llegar al Cecut, pedí la parada. La cultura es, han dicho, nuestra única salida posible. Lo de hoy sigue siendo el tema principal. Todos tiene algo que decir, algo que expresar, algo que sentir. Todos vimos esas imágenes. Todos las rechazamos.
Al igual que yo, hubo quien hizo caso omiso a la recomendación oficial. Salimos a sentirnos vivos, para saber que estamos vivos, para sentir viva nuestra ciudad. Directivos de las instituciones culturales, maestros universitarios, periodistas que estaban hartos de tantos balazos, amas de casa, adolescentes que hacían tiempo para entrar a ver a Taurus, la gente que hace algunos programas culturales universitarios, gente que se le ocurrió visitar el Cecut un día como hoy. Muchos, raro en enero, sorprendente para este jueves.

X.
Antes de volver a casa, fui con Boo al Starbucks playero. Puede que esto parezca un acto vacío y ridículo ante lo ocurrido. Sin embargo, fue la mejor decisión para terminar un día atroz. Lo pasamos bien al platicar sobre libros que nos recomiendan los amigos y los detalles que surgen al cursar una maestría, al bromear sobre viajes futuros y técnicas de terapia de grupo. Ahí, sentado, bebiendo un café latte, viendo a un montón de gente riendo y charlando con los amigos comprendí que no todo estaba perdido.

XI.
Back to reality. Alcancé a ver las tv news nacionales. Hechos transmite esas imágenes de nuevo, versión extendida. Unos 3 o cuatro minutos. No entiendo. O sí entiendo: lo suyo es el morbo, el chantaje emocional, el descaro y la nula sensibilidad. Cambio de canal. Otro noticiero, ya con el logo puesto sobre las imágenes exclusivas. Nauseas.
En Internet me enteré de más cosas, de otras reacciones. Leo en algunos blogs posts al respecto. Todos hablan, sitúan el lugar, conocen gente que vive cerca, se muestran indignados y commovidos por las imágenes. Algunos dicen -abiertamente o entre líneas- lo que todos sabemos y que no queríamos reconocer: la culpa también es nuestra y que el caracter abierto y receptivo de la city que la hace progresista paradojicamente atenta contra su supervivencia.

XII.
Son casi las doce. Sé que, aunque no lo quiera, soñaré con esas imágenes. A pesar de todo, que tengas buenas noches Tijuana.

pd: Sí, lo sé: soy un maldito optimista.

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1 comentario

  1. m.b.

     /  enero 18, 2008

    hoy tijuana mañana todos
    (el dizque país que se nos viene)

    hang tough

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    Aquí nos encontramos los que escupimos y cupimos, los que dejan abierta la puerta y sonríen como farolitos. What’s happen now? [sic] Alguien tenía que poner on-line el cruel circo de anuncios fortuitos. Detonar la bomba, porque sí y porque ya no hay tiempo para agobiarse, la pena ajena nunca fue un pretexto, tan sólo un yield de liga intertextual. Una falsa esperanza. Cómplices, cercados, envueltos en celofán y cristal, arropados por la inconsciencia, bendecidos por el alcohol y esa cosa siniestra [voluntad propia]. ¿Vamos a explotar o qué? Necesitamos algo más que inseguridad, necesitamos dinamitar la ciudad. (Ubertrip, Moho 2003)


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