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Shame on you, vol. 2

1.
Hoy en su primera plana Frontera da cabida a la “guerra” entre punks y emos, “informa” acerca de los planes de batalla y hasta manda a ver videos en youtube. Sí, ya sé que este tipo de notas venden y etc., pero eso cumple con el código de ética que tanto se ufana en presentar? Lo suyo es, desde hace tiempo, un regodeo en la violencia más ordinaria, faribolesca y estúpida (que nada tiene que ver con lo informativo, periodísticamente hablando).
¿Es esta una nota de primera plana? Por supuesto que NO (caso típico, una nota de seguimiento de algo que transmitó la tele que tiene eco en lo local). Esta nota, como otras tantas, sirven como un distractor para el público que se decanta furioso en los foros (que, por otra parte, sigue sin un moderador que ponga orden ante tanto prejuicio, racismo y otras actitudes así de “positivas”), para alarmar a una población enganchada a la terapia de shock, para señalar la poca preocupación del periódico por fomentar o por lo menos contribuir a no hacer olas en el ya encrispado entorno social tijuanero. Y los temas vitales, las investigaciones importantes y las discusiones trascendentales dónde quedan, Frontera? Shame on you!

2.
Durante los setenta terminales en Tijuana no había muchas tribus juveniles visibles, se distinguían claramente dos bandos: cremas (conocidos en los 80s como socialones y deconstruidos como trolos en los 90s) o cholos. LHC documenta en su noveleta El gran prétender algunas de las batallas entre estos. En los primeros 80s, eran otra vez los cholos ya diezmados por la policía, las luchas entre barrios o la misma vida loca contra surfos & rockeros (que, en sus descansos, peleaban entre ellos). La violencia entre grupos juveniles todavía era localizable (en espacios comunes o, mayoría de caso, la “invasión” del territorio o barrio).
La polémica entre los contingentes rockeros vienen de esa época: heavy metaleros vs punks vs todo el contingente alternativo que surgió en los mid-80s (niurros, mods, darkies). Alguien recuerda las peleas afuera y dentro del Palladium o en el London? Pues eso.
En los 90s, las drogas -from A to E- pusieron a todo mundo quieto. Más de una vez ví a punks seminales, darkies de rigor, cholos reciclados en hip hoperos vía LA, trolos renegados y el contingente alternativo perderse en el punchis punchis de aquellos primeros raves en la city (1993-1999). Los años del frescor, del “come as you are” nirvanesco, de la euforia transgeneracional, del “dress to impress only if you want it” y cosas así. Tijuana, dice el lugar común, era una fiesta.
El 2000 nos trajo una pequeña reseca, la vuelta a las peleas territoriales de los seventies, el señalamiento y la burla entre tribus (por mencionar un par de ejemplos: se acuerdan de aquella pelea que nunca fue: culturosos y anticulturosos, anyone?, o esa hard carrilla a los nuevos culpables de todo: los chinolos ), el distanciamiento (ve! los trolos ya van a raves, los punks -de boutique y aquellos que insisten en luchas ya perdidas- que se apoderan de los patios de los Oxxo suburbiales, los niurros meets góticos que tras el auge del indie rock más mainstream decantan en los emos de pantalones de pitillo. Ahora todos reclaman el ser dueños simbólicos de lugares y música y estilos de ropa y cosas así que forman parte de la sociedad de consumo en la que TODOS estamos inmersos. We´re so stupid).
Alguien recuerda que era ser adolescente? Alguien olvidó ya la necesidad de distinguirse de los otros y, al mismo tiempo, reconocerse en los otros? Alguien nunca utilizó de joven cualquier pretexto, pose o artilugio de la moda en boga para llamar la atención de sus peers y, je je, de sus “enemigos en estilo”? Alguien nunca sucumbió ante los embates de la tv y revistas para clonar un look? Una cosa es olvidar eso, y otra es pensar que es cool el acoso, el hostigamiento y los llamamientos a la violencia. O que, vamos, es divertido (además, de cuándo acá repetimos modas creadas en el interior del país, si nos ponemos en su mismo tenor: eso no es de tijuanenses de cepa).

3.
Recapitulando: En los sixties, grupos de “ciudadanos normales” cazaban hippies para cortarles el cabello. En los setenta, los diarios tuvieron una época dorada del amarillismo con los cholos (el eterno chivo expiatorio del malestar social, ahora revividos y puestos de nuevo en la palestra mediática por Mr Procu). En los ochenta, los rockeros y nueva oleros se tachaban unos a otros de maricones (había que ver las fachas: unos, con pantalones de mezclilla entubados o, qué osadía, spandex entalladísimos y esos cortes de señora de la Chapu en overdose de Aquanet; los otros, con raros peinados asimétricos que hoy retoman los emos sin ningún pudor, con llamativos atuendos color pastel o fosforecente y esas camisetas que parecían vestidos). En los 90s, el cruce inimaginable en los bares alternativos (desde el Last Temptation, el Club A del 93, el Ranas Bar) hizo reconocer al principal enemigo de las tribus juveniles: la policía y, bueno, el remanente de la intolerancia social que siempre va y viene según sea la temporada (años atrás, se acuerdan, hubo un movimiento de padres de familia, sicólogos y maestros para denunciar en los góticos la influencia nociva de Mr Marylin Manson, uno de los pocos sujetos pensantes que hay dentro del mainstream americano).

4.
Ya se ha dicho que la tolerancia no nos sirve como sociedad, lo que debe prevalecer es el respeto entre individuos y grupos. Todos uniformados y con una misma estética? Vamos, eso es lo divertido/el desafío de lo plural: cada quien puede asumir el rol y el identkit que quiera (si eso es lo que desea). Qué son parte de una juventud contaminada por la cultura americana? Hello, diría Johnny Lydon, tenemos unos 50 años inmersos en ella (y esto no quiere decir que sea algo bueno, marxistas trasnochados que intenten alegar). Actitudes y campañas como esa lo único que dejan traslucir es nuestra ignorancia, nuestro miedo a “lo diferente”, ciertos “ismos”, la cuña conservadora que se nos atora en la garganta y que expulsamos en situaciones como esta. El odio, lo deberíamos ya saber todos, nunca ha sido una causa justa y aceptable.

5.
Si las tribus se van unir… que sea para montar una fiesta tremenda, no para perder tiempo en batallitas (suena irónico pero al mismo tiempo es sintomático que la pelea sea, además de estética, por el dominio de centros comerciales: Vamos amigos, la calle es lo que nunca debemos perder). Lo repito: el enemigo es otro.

pd: Siendo políticamente incorrecto, preferiría mil veces tener un hijo emo que uno que siguiera de puntillas la onda sinaloense. Que fuera punk, considerando lo ortodoxos y puristas que pueden llegar a ser, lo estoy pensando.

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5 comentarios

  1. moih

     /  marzo 26, 2008

    ay, estos jóvenes de hoy con sus modas raras (incluyendome).

    Responder
  2. logovo

     /  marzo 27, 2008

    Creo necesito editar un reciente mini-post y poner link para acá.

    Responder
  3. logovo

     /  marzo 27, 2008

    No encuentro el link al post. ¿Que onda? ¿No hay? Otra cosa es que, ajem, Rafa, dude, estos nuevos colores son los mas chinga pupilas que has escogido en buen tiempo. Ten compasión de tus lectores. ::chilla::

    Responder
  4. rafa

     /  marzo 28, 2008

    saludos,

    Moih, tú si sabes. El domingo sale el artículo donde incluyo gran parte -casi todo- de tus respuestas. En El Angel del Reforma, pues.
    Logovo, a cual link te refieres? A este post? Si hay link.
    Intentaré cambiar lo más pronto posible los colores (ni modo, era verde primavera).

    -r

    Responder
  5. Bruno Ferreira

     /  marzo 28, 2008

    Comparto tus opiniones acerca de esta recien, y muy discutida, especie de EMOFOBIA. Para el caso, que los medios y “ciudadanos normales”linchen también a tanto regetonero (con todo rejpeto) que abundan por este costeño puerto.
    A mi no me importa el color de tu blog…Logovo, eres muy sensible de las pupilas, o qué? ja!

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    Aquí nos encontramos los que escupimos y cupimos, los que dejan abierta la puerta y sonríen como farolitos. What’s happen now? [sic] Alguien tenía que poner on-line el cruel circo de anuncios fortuitos. Detonar la bomba, porque sí y porque ya no hay tiempo para agobiarse, la pena ajena nunca fue un pretexto, tan sólo un yield de liga intertextual. Una falsa esperanza. Cómplices, cercados, envueltos en celofán y cristal, arropados por la inconsciencia, bendecidos por el alcohol y esa cosa siniestra [voluntad propia]. ¿Vamos a explotar o qué? Necesitamos algo más que inseguridad, necesitamos dinamitar la ciudad. (Ubertrip, Moho 2003)


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