I remember you

Don LSH

Un día, en una charla entre amigos escritores, me preguntaron que cómo había sido la relación con mi padre. Se sorprendieron cuando les dije que había sido muy buena, que había descubierto -tarde pero lo había hecho- que mi padre era, como él me lo había afirmado años antes, el mejor amigo que podría tener.

Sé que hay una tradición de escritores cuyos padres les hicieron la vida imposible o que todo su trabajo ha sido un intento por entender sus acciones (desde Kafka & Auster hasta Fadanelli y Roth, por nombrar algunos de mis escritores favoritos). Don Lauro, como llamé por años a mi padre, deseaba – ahora lo sé, ahora entiendo su insistencia en que escuchara sus cintas- que escribiera sus memorias, que usara su vida para escribir una novela.  Su vida, eso siempre lo supe, había sido tan interesante que podría, je je, terminar como guión de película.

Mi padre era un excelente narrador, con una memoria extraordinaria y una capacidad impresionante para señalar los detalles más insignificantes del lado B de la historia oficial mexicana en la que le tocó participar. Mi padre tenía miedo de que nosotros -sus hijos, su última familia- no comprendiera el peso de sus acciones, su actuar en esos episodios que aún echan chispas en nuestro devenir histórico. A mí en lo particular nunca me ha interesado eso de ser juez, mucho menos de mi padre. Don Lauro fue hombre de su tiempo y lo entiendo por completo.

De mi padre admiro muchísimo el temple con el que vivió tanto las temporadas de bienestar económico como las de crisis, como se sobrepuso a enfermedades y como encontró a los cincuenta años una nueva vida que vivió a tope. Siempre buscando oportunidades, siempre leal con sus amigos (a pesar de lo mal que le pagaron algunos de ellos), siempre atento a nuestras más pequeñas necesidades.

Mi padre ya era viejo cuando yo nací. Sin embargo, era un hombre con el corazón y espíritu joven, decidido y emprendedor, fuerte hasta sus últimos días. Cuando murió rescaté de su oficina algunas cosas: el trofeo al mejor padre que le regalé cuando tenía unos 10 o 11 años y que conservó hasta su muerte; algunas fotos donde aparece jugando beisbol (junto con el box, sus deportes favoritos) o en los clubes que tuvo en la avenida Revolución; una postal que nos envío de Oaxaca; una lista con todos los medicamentos que tomó esos últimos meses que estuvo tan enfermo; los cassettes de las grabaciones que hizo contando su vida y que todavía no he reunido el valor suficiente para escucharlos por primera vez.

Dicen que uno quiere, en algún momento matar al padre, que es algo simbólico que etc y etc. Yo no, siempre vi en mi padre a un aliado, a un cómplice, a ese mejor amigo que todos queremos tener y que pocos tienen el honor y la dicha de encontrar.  Tenía 28 años cuando mi padre murió, me tocó ir corriendo por el doctor a unas cuadras de mi casa cuando su corazón no resistió más su enfermedad y ver como salió de mi casa -su casa, nuestra casa- envuelto en una bolsa transparente; fui yo quien les habló y dio la noticia a sus amigos; me tocó cargar el ataúd y, afortunadamente, no dije las palabras de agradecimiento que se dicen tras el entierro (no porque no tuviera nada que decir sino porque me era/fue imposible decirlas).

Lo recuerdo cada vez que despierto y miro su foto en la mesa que está al lado de mi cama. Lo recuerdo cada vez que escucho en la radio Wonderwall de Oasis (don´t ask) o cualquier tema de Mike Laure y sus Cometas. Lo recuerdo cada vez que veo el retrato que está en la sala de mi casa (Doña Paula, aka mi mamá, dice que me parezco horrores a mi padre, aunque él era de joven muy muy delgado). Lo recuerdo cada vez que paso por el Panteón Jardín (a veces 4 veces al día, es mi ruta casa-trabajo). Lo recuerdo cada vez que leo un libro de esos en los que los escritores intentan, de manera biográfica, explicarse cual era la relación con su padre.

Don Lauro, I still loving you.

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4 comentarios

  1. Bello texto Rafa, no se logra ver muy bien a Don Lauro en la foto, pero creo que te pareces. Bello y emotivo relato. Gracias. No sé si en mí aplique lo del complejo de Electra o Edipo pero mi padre también es mi héroe, una de las dos figuras que más admiro en la vida (la otra es mi mamá). De todos los papeles que ha desempeñado en la vida (historiador, maestro, político, funcionario, rebelde, activista, viajero, enamorado, esposo, ex esposo, hijo, hermano, tío) creo que una de las que mejor le ha salido es ser padre.

    saludos salpicados de varicela!

    Responder
  2. rafadro

     /  junio 17, 2008

    Melina,
    Saludos y gracias por lo que dices. Je je, que el mundo se entere que hay hijos que no odian a sus padres. Está cool cuando tu padre, aparte de ser eso, es un señorón que no desperdició su vida y que, además, supo como ser un buen padre.
    Que te mejores y que te sea leve la varicela (a ver cuando los veo para echarnos unas chelitas, no? Ya es hora).

    Responder
  3. Empiezo a leerte, muy agradable.
    Saludos desde Mérida Yucatán.

    Vanessa Flota Estrada.

    Responder
  4. abrazo, rafa.

    encantada, al leer esto

    Responder

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