Cupaima eterna

Chavela Vargas: mujer, magia y sentimiento

Chavela Vargas es una intermediaria entre nuestro no-saber-sentir y el no-poder-decir, un espíritu libre entre tanto ser homogeneizado por el exceso de información  y “el que dirán” que persiste en la (hiper) modernidad de la sociedad espectáculo. Valiente toda su vida, ha sido capaz de destruirse al enfrentar sus temores y debilidades en una época por demás dura para personajes tan enigmáticos y atrabancados como ella para luego renacer con toda la calma y tranquilidad que dan los años vividos sin miedo al fracaso más estrepitoso. Una mujer muy mujer que canta con un feeling bronco y casi de destierro esas cosas simples que nos quedan doliendo en el corazón. Alguien que, como remarcaba José Alfredo Jiménez, siempre ha estado afuera. 

Chavela Vargas  ha sido considerada por muchos la voz de la melancolía y el tierno desamparo más genuino. Sí, por supuesto.  Pero también es la del atrevimiento andrógino radical y provocador en su costumbrismo de avanzada tan poco habitual en y para las masas, menos enfocado en el sexo y más centrado en el poder simbólico de su presencia y el valor del personaje editado a su máximo grado de sencillez. Ella nunca ha necesitado algo más que su voz para comunicar toda la sabiduría acumulada por el sentir popular y amplificar esos himnos para seres destruidos por el desamor y el abandono. Así, el dolor ha sido/es su única bandera; el canto, su verdad atraviesa-almas en temporada de asesinos.

Chavela Vargas ha sobrevivido a despechos y decepciones con una fuerza desgarradora y  ese carácter  combustible de la estirpe de artistas que tanto maravillan a figuras como Pedro Almodóvar o Joaquín Sabina.  Pasión y folclor renovado, magia y sentimiento en pos de la deconstrucción de la canción ranchera para reconfigurarla en otra cosa, más minimal e íntima, desnuda de artificios y de ese colorido kitsch que ayudaba a ocultar un poco su esencia desoladora. Así,  en un quiebre de su voz  se traduce nuestro más auténtico sufrimiento; en una pausa para respirar, la emoción contenida del goce pasajero  de lo que vendrá: el desencanto o la verdad. Chavela es, entonces, la gran liberadora sentimental, una pre-riot grrrl enfundada en un tradicional jorongo rojo que escucha, observa y cuenta. 

Chavela Vargas ha dicho que la música no tiene fronteras, pero sí un final común: el amor y la rebeldía.  Aquí y ahora podemos escuchar en  “La Chamana” a un grupo de artistas de diferentes latitudes y de distintas intensidades musicales interpretando a su aire temas del repertorio más emblemático de Chavela Vargas. Al hacerlo suyo con el amor y la rebeldía necesarios para tal proyecto, las posibilidades son diversas: canciones para piano bar o el aderezo de los ritmos jamaiquinos, la tonada acústica de bedroom pop o el feeling folk casi susurro, el acercamiento fronterizo o el desenfoque emotivo que roza la perfección.  Sé, como Family, que todas las canciones que hemos cantado, todas se dibujan en el corazón. Sí, puedo aceptarlo: yo, como ustedes, soy tan sentimental.

Larga vida a Chavela Vargas, la última chamana.  Nuestra Cupaima eterna.

 

Imagen

*Texto escrito para La Chamana, un tributo a Chavela Vargas.

more info aquí: http://lachamana.chavelavargasoficial.com/

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    Aquí nos encontramos los que escupimos y cupimos, los que dejan abierta la puerta y sonríen como farolitos. What’s happen now? [sic] Alguien tenía que poner on-line el cruel circo de anuncios fortuitos. Detonar la bomba, porque sí y porque ya no hay tiempo para agobiarse, la pena ajena nunca fue un pretexto, tan sólo un yield de liga intertextual. Una falsa esperanza. Cómplices, cercados, envueltos en celofán y cristal, arropados por la inconsciencia, bendecidos por el alcohol y esa cosa siniestra [voluntad propia]. ¿Vamos a explotar o qué? Necesitamos algo más que inseguridad, necesitamos dinamitar la ciudad. (Ubertrip, Moho 2003)


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